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Superstición del sapo


En la superstición popular, el sapo se considera generalmente un animal protector. Sin embargo, no hay que molestarlo. Pobre de aquel que lo pise, porque daños y desgracias le sobrevendrán sin piedad. Cuenta una antigua superstición anglosajona que un corazón de sapo secado y cosido a la ropa de un ladrón, haría imposible que prendieran a su poseedor.

El halo de misterio que caracteriza al sapo puede deberse también a su vínculo con la brujería. Según una tradición muy extendida —difícil saber hasta qué punto puede considerarse históricamente cierta— en los aquelarres se bautizaban a muchas bestias inmundas, sobre todo sapos. A estos, antes del bautismo, se les vestía con ropas de terciopelo rojo y negro, llevaban una campanilla colgando del cuello y otra en las patas; el padrino les sujetaba la cabeza, la madrina, el resto del cuerpo. Después de bautizarlos, los sapos eran entregados como regalo a las brujas con más méritos.

Foto Superstición del sapo

Cuando se acoge a un neófito y se le introduce por primera vez en una asamblea de condenados, se le aparece una especie de rana. Otros dicen que es un sapo. Algunos le dan un vulgar beso en el ano, otros en la boca, chupando la lengua y la baba del animal.

Hay que decir que en la piel de algunas especies de sapos hay unas glándulas que segregan una sustancia irritante provista de principios psicoactivos. Además, las glándulas del sapo más común, el Bufo vulgaris, producen más de veintiséis sustancias biológicamente activas, entre las que hay que destacar el compuesto 5OHDMT, comúnmente llamado bufotenina, que tiene grandes poderes alucinógenos.

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Categoría: Supersticiones.

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