Aojo y aojador


Por aojar (de iectare) se entiende la práctica de echar mal de ojo. De este término derivan aojado, aquel que sufre el mal de ojo, aojador, persona a la que, por diversos motivos, se le atribuye el poder de ejercer con la propia voluntad —o también con la sola presencia— influencias maléficas en los demás. El aojador, llamado también cenizo, es en la práctica una persona que «trae desgracias». El aojador, del que contamos con un estereotipo procedente sobre todo de la tradición literaria popular, se describe casi siempre como un personaje delgado y enjuto, siempre vestido de negro, con gafas del mismo color (características que recuerdan a la ropa marcada para el luto), de rostro triste y resignado, voz grave y quejosa.

Aojo y aojador Supersticiones

En general, demuestra un inquietante interés por la salud, dificultades y males de los demás, lo cual lo convierte, cuando menos, en algo anómalo. Además, el aojador se extiende en las descripciones de sus desgracias, casi con aire de perversa complacencia.

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Categoría: Supersticiones.






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