Chakras, renacimiento y espiritualidad


La espiritualidad es el despertar de la divinidad en la conciencia. Es el summun bonurn de la conciencia en la encarnación humana, que libera a la conciencia de la trampa de la mente y el cuerpo. Esta libertad se obtiene mediante un proceso gradual de transformación de la conciencia de los sentidos (mente). Es la conciencia sensoria la que percibe el mundo, y la que produce constantemente pensamientos incontrolados. Ella desea, siente placer y dolor, piensa y quiere; y a veces, en su aspecto de búsqueda del placer, comete excesos.

Se puede ser un gran pensador, científico, artista o educador sin la transformación de la conciencia sensoria. Pero al experimentar sólo un aspecto del ser —que está representado por la «yoidad», rodeada por el mundo sensorio— uno se compromete en la gratificación de los sentidos, moviéndose sin objetivo por placer y codicia en el océano del samsara. Con la transformación de la conciencia sensoria uno puede liberarse de la esclavitud de la mente, la lascivia, la codicia, los pensamientos incontrolados y el diálogo interior. Mediante la transformación de la conciencia sensoria podemos experimentar el otro aspecto del ser, en el que la mente está totalmente distanciada del mundo sensorio y no piensa, desea ni quiere. En este aspecto, la «yoidad» se fusiona con la conciencia suprema y nos permite alejarnos del ciclo de nacimiento y muerte.

Chakras, renacimiento y espiritualidad Los Chakras

La conciencia del «yo» compromete a la mente en pautas continuas de búsqueda del placer, y esas experiencias de placer desarrollan en la mente un afecto por la conciencia sensoria. Entonces la mente deambula y pierde su foco central. Entonces la mente, que «no está centrada», queda atrapada por los objetos del mundo sensorio, que es un juego de elementos y gunas. Una mente impura —o una mente no centrada atrapada por los deseos— crea ataduras, y si no se consigue la pureza de la mente mediante la práctica constante de la concentración ayudada por un mantra, permanece la conciencia del «yo», incluso después de abandonar el cuerpo. Habita entonces en diferentes planos (lokas). Estos planos o lokas están directamente conectados con el cuerpo humano por medio de los chakras (ver diagrama en la página siguiente).

Los cinco primeros chakras están conectados con los cinco elementos, y los lokas relacionados con estos chakras están también conectados con esos elementos (ver diagrama). Todas las actividades mentales y fisiológicas, todas las necesidades y deseos, conectan con estos cinco elementos. Como éstos crecen y reinan en una sucesión fija durante la fluencia respiratoria por cada ventana de la nariz, la conciencia sensoria sufre constantemente un cambio. Los elementos —tierra, agua, fuego, aire y akasha— son agentes del principio de la inercia primordial de la conciencia. Pertenecen al campo material, que crea la metamateria y la materia, y constituyen un continuo de energía desde su nivel vibratorio más sutil hasta el más denso.

No es el planeta Tierra lo que se llama el elemento tierra, sino el elemento tierra el que domina en el planeta Tierra; este planeta Tierra se denomina bhu loka. Su sede es el chakra muladhara. Los huesos, carne, piel, nadis y cabellos del cuerpo se componen del elemento tierra. La paciencia y la codicia son su atributo, la supervivencia su deseo, reunir y ahorrar la actividad que se produce cuando domina este elemento, y su naturaleza es estable. En cada ciclo respiratorio de sesenta minutos (cuando la respiración se produce por la ventana de la nariz derecha o izquierda) este elemento domina durante veinte minutos, y se pasa por los deseos y actividades, la naturaleza y los atributos conectados con el elemento tierra. Si el deseo de supervivencia no se cumple, se habita en bhu loka tras la muerte y se vuelve a nacer una y otra vez, como un ser humano normal.

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El semen, la sangre, la grasa, la orina y la mucosidad (saliva y fluidos linfáticos) del cuerpo pertenecen al elemento agua. La pureza y la unión son sus atributos, el conocer personas (familias) su deseo, los trabajos pacíficos son la actividad de este elemento, y es de naturaleza fría; en cada ciclo respiratorio de sesenta minutos este elemento domina durante dieciséis. Si los deseos del segundo chakra no quedan satisfechos se habita en bhuvar loka (plano astral) tras la muerte. Cuando el periodo de habitar en bhuvar loka toca a su fin, la persona vuelve a nacer en la Tierra para cumplir el deseo; como, por ejemplo, el de ser artista, músico, bailarín o poeta.

El hambre, la sed, el sueño, la letargia y el lustre (olas, radiación) están relacionados con el elemento fuego. La cólera es su atributo. Por naturaleza, el que está dominado por el fuego tiene la cabeza caliente y está controlado por el deseo de logro. El trabajo duro es la actividad de este elemento. En cada ciclo respiratorio de sesenta minutos este elemento domina durante doce. Si los deseos de logro —nombre, fama, inmortalidad, poder, etc., relacionados con el tercer chakra— no han sido satisfechos a la muerte, se habita en el svarga loka (plano celestial) en virtud de los buenos karmas (obras) hechos en la Tierra. Cuando termina el período de habitar en svarga loka, se vuelve a nacer en la Tierra, como rey o administrador de algún tipo.

La carrera, la caza, la utilización de la fuerza, la contracción y el crecimiento del cuerpo (expansión) se relacionan con el elemento aire. Este crea inquietud y actividad, movimiento y un deseo de hacer algo. El aire es el responsable de todo tipo de movimiento dentro y fuera del cuerpo, ya sea la circulación de la sangre, o los líquidos, la linfa, o bien las señales neuromotoras del sistema nervioso. El aire es prana, energía en forma de fuerza vital, lo que nos convierte en un ser vivo y consciente; en cada ciclo respiratorio de sesenta minutos, el elemento aire domina durante ocho. Si los deseos del cuarto chakra no se han satisfecho en la propia vida, tras la muerte se habita en maha loka en virtud de los buenos karmas del amor, el deseo de compartir, la devoción, el servicio desinteresado y la compasión que hemos tenido en la Tierra. Después de maha loka (plano del equilibrio) se vuelve a nacer en la Tierra como reformador, persona santa, devoto, curandero o artista espiritual de algún tipo.

El amor, la enemistad, la timidez, el miedo y la unión se relacionan con el elemento akasha. Sus atributos son el ego o la «yoidad», su naturaleza es el vacío, su deseo la soledad, su actividad los pensamientos y las ideas. En cada ciclo respiratorio de sesenta minutos, este elemento domina durante cuatro. En sus diez últimas respiraciones actúa sushumna, y entonces cambia la ventana de la nariz por la que se está respirando. Si los deseos del quinto chakra no se cumplen en esta vida, tras la muerte se habita en jana loka (plano humano) durante un período de tiempo fijado por los buenos karmas hechos durante la vida en la Tierra. Tras jana loka se vuelve a nacer en el planeta Tierra como maestro, sabio o intérprete de las Sagradas Escrituras.

Cuando mediante la práctica de cualquier tipo de yoga se va más allá de los elementos, se llega a tapas loka y se realiza tapas (austeridad), se purifica la mente y, mediante la transformación de la conciencia sensoria, se experimenta el otro aspecto del ser. Uno se vuelve no adquisitivo, limpio, contento y observador neutral de la vida y su psicodrama. La piedad, la honestidad, el perdón y la firmeza enriquecen la vida de esta persona, que experimenta una fuerza interior esplendorosa y divina que elimina la carga de la conciencia corporal. Consigue ‘un control completo de su respiración y su mente, pero, sin embargo, puede volver a nacer si la tarea de autorrealización —que es la fusión de la «yoidad» con la conciencia suprema— no se ha conseguido. Se nace entonces como asceta, yogui, avatara, bodhisattva o profeta. Se ha ido más allá de los elementos, pero todavía hay que ir más allá de los gunas, y esto sólo es posible mediante la práctica de despertar a kundalini.

Kundalini es la energía espiritual que yace dormida en el chakra muladhara. El cuerpo puede funcionar con su energía química, mecánica y eléctrica, y la mente como conciencia sensoria, sin despertar la energía espiritual, pero las imágenes objetivas siempre atarán a la conciencia, y la «yoidad» nos llevará de nuevo al ciclo de la vida y la muerte. Todos los seres están sometidos a la ley del karma. Los buenos karmas producen buenos lokas, y los malos llevan a los submundos o narakas. Estos están conectados con los siete chakras inferiores a muladhara, que no han sido analizados en este libro. Kundalini es la energía que apoya la vida y la conciencia mientras está enroscada, pero cuando se despierta produce una supraconciencia espiritualizada. La mente sensoria se transforma en mente pura, absorbida por la corriente de la conciencia que fluye en la forma de Kundalini Shakti. La mente va más allá de todos los contrarios y realiza el ser puro, sin cambios, y la única verdad en la forma del nirvikalpa samadhi.

Tras llegar al chakra sahasrara y unirse con su contrapartida, SHIVA, Kundalini permanece unido durante algún tiempo; después desciende al muladhara y se vuelve a enroscar. Durante el proceso de descenso, se restauran los poderes de los chakras y de las deidades que residen en ellos. Ahora se vive en un estado de conciencia extensa. Se vive en el cuerpo y se agotan los karmas, pero como una persona transforamda; y se consigue el nirvana al abandonar el cuerpo. El cuerpo así purificado por el yoga no entra en decadencia ni se descompone fácilmente, lo mismo que el cuerpo de quien está adherido al mundo material y a los deseos de placer mundano.

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Categoría: Los Chakras.






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