El bien y el mal en las plantas


Siguiendo en la línea que antes se ha tratado es lógico que se presenten los objetos mágicos más tradicionales. Las plantas han sido, son y serán ingredientes mágicos fundamentales puesto que, entre otras cosas, son el principio fundamental de los seres vivos; sin ellas, sería imposible la respiración y, por lo tanto, sería imposible la vida desde el significado más puro de la palabra.

Para el hombre, el primitivo y el actual, son las principales portadoras de fuerzas cósmicas y esta creencia parece ser que no sólo es una creencia, sino que constituye una de las verdades más importantes de la magia y de la vida en general. Por ello, la magia antigua y la fitoterapia se basaban en las propiedades vegetales de modo que, por analogía, se curaban distintas zonas del cuerpo humano teniendo en cuenta las formas de las plantas. A cada parte, correspondería una zona distinta del cuerpo con una forma determinada. Por ejemplo, la eufrasia era utilizada antiguamente por la fitoterapia para el tratamiento de las enfermedades de los ojos, porque su forma los recuerda. Después, la medicina se ha dado cuenta de que realmente contiene sustancias para el tratamiento de ciertas enfermedades oculares.

El bien y el mal en las plantas Hechizos

Otra de las explicaciones que se da a la utilización de sustancias naturales en las operaciones mágicas, además de lo que se ha explicado en los párrafos anteriores, es el descubrimiento de que tales sustancias van más allá de la materia, hay algún tipo de teleología que hace que actúen de una forma u otra, a causa de algún tipo de ente inexplicable e imperceptible. Este ente, se sabe hoy, es el de las energías.

En la Edad Media se divulgó la teoría de que existía cierta teleología en el ecosistema (siendo este concepto, el de ecosistema, posterior), que hacía que se produjeran ciertas aglomeraciones de razas de modo que las convivencias interraciales entre animales se llamaron mentes de raza y al compartir terreno de distintas especies de plantas se les llamó mentes de especie. Pues bien, estas mentes superiores era esa teleología de la que hemos hablado.

En torno a los vegetales hay muchas leyendas populares por lo que algunos de ellos se hallan en una situación muy especial. Nos referimos aquí al caso de la cebolla o del ajo porque si nunca han sido adorados, sí que son muy utilizados dentro de la magia puesto que, según los códigos mágicos, constituyen una enorme fuerza en este aspecto. Por ejemplo, se han considerado, los ajos, unos excelentes protectores contra el ataque de los vampiros. Tal concepción tiene su explicación.

En los animales, sobre todo, el olor de uno u otro provoca reacciones de distintos tipos, desde el cortejo de una hembra, hasta el enfurecimiento entre dos animales que conviven en el mismo medio. En el hombre, tales vegetales son utilizados para llevar a cabo hechizos, de amor o de odio, pero se utilizan y suelen ser efectivos, de ahí su importancia. El incienso está dentro de este grupo particular de vegetales porque si no ha sido nunca adorado, sí que constituye una parte esencial en los cultos de algunas religiones. El incienso proviene de la resina de unos árboles localizados en África que pertenecen a la especie de las burseráceas. Entre otras propiedades, el incienso tiene dos que son, para cualquier usuario, fundamentales. Por un lado, es un excelente purificador de ambientes, con lo que, con su incineración se aleja del ambiente las malas energías y los malos espíritus, y, por otro lado, facilita la relajación mental y anímica, con lo que invita a la concentración total y abre camino a la llegada del éxtasis místico.

El cristianismo también ha contribuido en su medida a la creencia en estos poderes especiales de algunos vegetales, como el incienso. Los Reyes Magos obsequiaron a Jesús con tres presentes: oro, mirra e incienso, cada uno de ellos tenía su particular simbología, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta que los Reyes eran magos, es decir, conocedores de las fuerzas, virtudes y defectos de la naturaleza.

El primero de los presentes, el oro, era el símbolo de la luz espiritual que debía romper con la oscuridad de las tinieblas, a la par que se reconocía al rey de los hombres a través de él. La mirra, el segundo de los presentes, es la representación de la sangre de Cristo, la mirra es un aceite amarillento que, al contacto con el exterior se vuelve rojizo, es el símbolo del alma de la espiritualidad de la vida interior y trascendente, y la única utilidad corpórea que se le reconoce es el embadurnamiento de cadáveres. Y, por último, el incienso. Como ya se ha dicho más arriba, el incienso es protector y purificador, por lo que aleja las fuerzas del mal con bastante facilidad, únicamente con la activación del mismo.

La utilización del incienso es sencilla y al mismo tiempo eficaz. En la puerta principal del lugar y en las ventanas, se colocan siete granos (si lo tenemos en granos), o tres pizcas o un número de bastoncitos que sea siempre impar puesto que indica perfección, a diferencia de los pares que dan a entender espera, algo que está por acabar, por hacer. Para alejar y vencer el ataque de las malas energías, hay que hacerlo siempre con números impares que representan en cualquier caso, lo opuesto.

Tanto el incienso como la mirra son excelentes talismanes de los que hablaremos más tarde. El día más importante para la magia de las plantas es el 23 de junio, durante la vigilia del día de San Juan. La tradición popular dice que esta noche es la más adecuada para conseguir la totalidad de las propiedades de las plantas. Esta noche es, también, la celebración del solsticio de verano, de modo que la Tierra está mucho más alejada del sol, el cual se halla en su punto más alto con respecto a nuestro planeta, en la constelación de Cáncer.

Durante esta noche, también la noche del amor, se recoge el mayor número de plantas puesto que se dice que están en su máxima plenitud, hecho muy importante para la magia, para la ejecución de los ritos en los que se utilizan estos ingredientes. Los rabdománticos cortan ramas de avellano para hacer, de alguna de ellas, su varita mágica. Después de la recogida de todas las plantas, al mediodía del 24, se procede a llevar a cabo el rito correspondiente para que cada una de las plantas obtenga su total poder. Se hace un círculo mágico dentro del cual se enciende una hoguera en la que se queman los vegetales recogidos el día anterior, y cada uno de los participantes, coronados con dragontea, ofrecen las hierbas recogidas y recitan sus plegarias. Una de ellas es el himno al solsticio, que se recita al mediodía, para alejar todas las negatividades y proteger a las personas que lo recitan.

«Salve, oh verano, Salve, oh sol.
El sol brille en lo alto y regocije nuestros corazones.
La naturaleza viva su máximo esplendor.
El helecho expanda su simiente, en representación de toda
la Humanidad y del hombre sexuado.
La dragontea florezca al viento, en representación de la naturaleza acogedora y de la mujer madre.
La verbena calentada al sol lleve amores, fraternidad y paz.
El hipérico, símbolo de Juan, ahuyente las vibraciones negativas, purificando el ánimo.
La encina, símbolo solar, se levante majestuosa buscando la luz.
La cándida azucena purifique nuestros corazones.
El fresno, uniendo el cielo con la tierra, esparza rocío sobre nosotros.
El sauce nos dé fuerza para luchar contra el mal.
El mirto difunda al viento el amor espiritual.
El iris se abra en abanico llevando la paz.
El loto, surgiendo del barro, lleve la evolución.
La reseda nos colme de dulzura.
La rosa nos dé amor.
El saúco nos preserve de celos.
El beleño nos dé la sabiduría.
El geranio, el ardor y el vigor de amar.
La cinoenrama nos traiga el saber.
El acanto nos infunda valor.
El álamo, símbolo de la cruz, aleje de nosotros las adversidades.
El trébol nos dirija hacia el Ternario.»

Antes, se danzaba alrededor del fuego y las cenizas de la hoguera eran esparcidas por los campos para hacerlos fértiles, y también se mezclaban en la harina para la panificación, para alejar las enfermedades y el mal de ojo. Los troncos que no eran incinerados se llevaban a las casas de los que habían participado en el rito y, según se dice, se usaban para protegerse de los incendios.
Se dice que durante esta noche, cada planta tiene un poder especial. Algunos ejemplos de ello son los que ahora nos disponemos a explicar.

De todas ellas la más importante es el helecho que tiene propiedades muy importantes. El helecho es el símbolo del hombre por su antigüedad (250 millones de años, los primeros y los únicos vegetales del planeta). También, por otro lado, tiene la propiedad de impulsar la procreación por su sistema de reproducción por gametos: al caer al suelo una espora masculina, encuentra una femenina y la fecunda. Con el helecho, como se ha dicho, se aleja el mal, a lo que hay que añadir que da la información necesaria para saber si hay que protegerse o no (si al sumergir una hoja de helecho en un recipiente lleno de agua, esta se marchita en poco tiempo, hay negatividad). Protege al hombre por naturaleza y por la representación que tiene en el reino vegetal del que es el rey de los reyes (como Júpiter), su signo zodiacal es Acuario, que es el signo de la renovación futura.

También hay plantas para provocar el mal, que generalmente son aquellas que contienen sustancias tóxicas y que son malolientes. Entre las plantas más peligrosas está el acónito con el que las brujas de las épocas pasadas fabricaban un ungüento que les hacía cobrar la sensación de estar volando, a causa de las sustancias táctiles de la planta. El hachís y el opio, consumidos en muchas culturas, también en la nuestra, provocan una felicidad ilusoria, inexistente. En la Edad Media, se fabricaban miles de pomadas con sustancias tóxicas que eran extendidas, generalmente, en mucosas. Las plantas usadas en estas operaciones eran la mandrágora, la belladona, el estramonio y el belño que, con sus componentes tóxicos (alcaloides), belñina, atropina y escopolamina, respectivamente, causan serios efectos posteriores como son los delirios, las convulsiones, las alucinaciones, borracheras, excitación y mucha vivacidad.
Otro de los factores que hay que tener en cuenta con estas plantas es que pueden provocar alucinaciones a través de los humos que desprenden en sus incineraciones.

Cuando se utilizan estas plantas en algún hechizo, el hechizo, por su naturaleza maléfica, recurre a la negatividad de estas plantas para dañar a la víctima. Las plantas que suelen utilizarse en este tipo de hechizo suelen ser las setas venenosas y la cicuta o el cólchico. Entre las plantas que ayudan al mal, también están las más populares. Nombraremos a tres: el serpol, el nogal y el olmo.

A pesar de la existencia de estas plantas nocivas para el hombre hay que saber que, en sus tiempos, las plantas fueron las mejores aliadas del hombre hasta llegar a ser adoradas, de este modo nacieron mitos y leyendas sobre ellas. Sea como sea, el hombre siempre está entre el bien y el mal, y la magia siempre seguirá siendo magia.

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Categoría: Hechizos.






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