El Malleus maleficarum


La situación general había empeorado cuando dos dominicos, Heinrích Kramer y Jacob Sprenger, a partir de sus experiencias como inquisidores en Alemania, recibieron el encargo de redactar una obra que recogiera todos los conocimientos sobre la brujería, en línea con las características de la Bula del papa Inocencio VIII. La obra se tituló Malleus maleficarum («El martillo de las brujas») y era una especie de manual que, además de intentar describir el fenómeno, se detenía también en las prácticas mágicas realizadas por las brujas y en los sistemas jurídicos que debían adoptarse, de acuerdo con los dogmas teológicos, para luchar contra la brujería.

El libro se convirtió en la pieza angular de la lucha contra el mal y, en aquel clima de miedo y de renovada adhesión en la lucha contra un demonio que las guerras de religión habían alimentado, fue un instrumento de represión particularmente eficaz. La primera edición del Malleus maleficarum es del invierno de 1486 y se imprimió en Estrasburgo. Hasta 1669 le siguieron treinta y cuatro ediciones, llegando a haber más de treinta y cinco mil volúmenes.

El Malleus maleficarum Supersticiones

En este texto fundamental sobre la caza de brujas se ilustra cómo las supersticiones constituyen la fuerza principal de las brujas. Existen catorce tipos de magia que nacen de los tres géneros de adivinación. El primero de los tres es la explícita invocación de los demonios; el segundo no es más que una consideración silenciosa de la disposición de alguna cosa, como los astros, días, horas o algo similar; el tercero es la consideración de algún acto humano con el fin de descubrir en él algo oculto: los tres reciben el nombre de sortilegios […]. La oniromancia puede practicarse de dos formas: o bien usando los sueños para indagar en lo oculto mediante la revelación de los espíritus malignos invocados para tal fin y con los que se establecen pactos explícitos, o bien sirviéndose de los sueños para conocer el futuro, en la medida en que proceden de una revelación divina, de una causa natural intrínseca o extrínseca […]. Pero estas son cosas leves en comparación con los sueños impíos de las brujas.

Pues cuando no desean trasladarse físicamente a un lugar, sino sólo ver qué hacen las otras brujas, no tienen más que recostarse sobre el lado izquierdo en nombre de su diablo y de todos los demás, y así ciertos detalles se revelan a su visión en imágenes.

Este fragmento del Malleus maleficarum demuestra con claridad cómo, en plena persecución de brujas, el miedo al diablo, la magia y la superstición constituyeron un único entramado en el que a menudo la fe y la irracionalidad se entremezclaban originando, paradójicamente, nuevas supersticiones y creencias. Los autores del tratado, contradiciendo la autoridad de los Padres de la Iglesia, sostenían la posibilidad de que las brujas fueran capaces de «encantar con los ojos para perjudicar a otra persona».

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Supersticiones.






Deja un comentario