Etapas del sueño


A medida que nuestro sueño se hace más profundo, las ondas cerebrales se ralentizan en el punto delta, que —recordémoslo— es aquel en el que el cuer­po se restablece de su desgaste cotidiano. En él, el cuerpo onírico no deja nunca de recibir un intenso aprendizaje. Las instrucciones que se le dan y las experiencias a que es sometido son a veces tan intensas y profundas que no se pueden traducir en palabras. Es lo que se llama sueño sin sueños o noREM. Es mucho lo que aprendemos en estos niveles de profundidad.

En este punto del viaje, quizá nuestras lecciones empiecen por cómo solu­cionar un determinado problema que nos preocupa.También podemos ser aleccionados sobre el desarrollo y el progreso espiritual de nuestro ser; puede que incluso los dos planos se entremezclen, de forma que el problema físico nos empuje a buscar una determinada lección espiritual. Seguro que usted sería capaz ahora mismo de recordar algo de la escuela, de la universi­dad o de cualquier otro lugar en el que recibió algún tipo de enseñanza o formación específica; e incluso puede que, al volver al mundo real, recuerde a alguno de los profesores o de sus compañeros de pupitre.

Etapas del sueño Interpretación de los Sueños

Ocasionalmente nos despertaremos con la alegría inmensa de haber halla­do la solución, la respuesta o el recuerdo que necesitábamos para resolver determinado problema. Pero, en la mayoría de las ocasiones, regresamos al estado de vigilia sin ser conscientes del proceso de aprendizaje a que hemos sido sometidos en los planos más profundos de nuestro interior, aunque sí sabemos que poseemos la solución que no éramos capaces de encontrar el día anterior y que tanto necesitábamos para poder resolver esa situación que nos angustiaba.

A lo largo de la noche, tenemos que elegir entre diferentes posibilidades destinadas a ayudarnos a zanjar esa confusa situación. Puede que escojamos la mejor, lo cual conlleva que al día siguiente nos despertemos con una res­puesta viable en la cabeza o, cuando menos, con un punto de partida con el que poder empezar a hacer algo.

Pero también es muy frecuente que no sepamos nada del proceso que ha tenido lugar durante la etapa de sueño; quizá no recordemos ni tan siquiera haber soñado y mucho menos la solución que hemos obtenido. No es hasta que volvemos sobre el problema que, de repente, «tenemos una idea» o una inspiración fugaz: entonces sabemos lo que hemos de hacer. Pero lo cierto es que raramente preguntamos de dónde ha venido esa solución o relaciona­mos ese «nuevo» conocimiento con nuestra vida onírica.

Cuando viajamos a los planos interiores de la existencia, podemos alcan­zar cualquier conocimiento que deseemos. Muchos de los que han recibido el calificativo de genios no eran más que gente sencilla, pero, eso sí, muy consciente de su capacidad para traer a la conciencia toda esa información sumer­gida en los estadios oníricos.

Albert Einstein, por ejemplo, admitía sin reparos que la teoría de Einstein no era suya, sino que se le ocurrió en un estado de ensoñación.Thomas Edi­son, que sabía que la mejor manera de adquirir conocimientos era a través de los sueños, instaló un catre en su lugar de trabajo y, siempre que necesita­ba ideas frescas, echaba «una cabezadita» con la atención centrada en la tan deseada solución. Se dice que, al menos un cincuenta por ciento de todas las ideas creativas, artísticas, musicales, así como las relativas a nuevos inventos, provienen de nuestros sueños.

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