La mitología


Desde siempre, los tentáculos del mito han rodeado al ser humano y le muestran una verdad que no se corresponde con una única e inalienable realidad. Según una determinada línea interpretativa, la mitología, al contrario que la religión, prolifera en la ignorancia, cuando la razón se disuelve. Se trata de hipótesis que hoy no todos los estudiosos comparten, porque un porcentaje del mito es parte integrante de la razón. Dejarle su espacio dentro de la razón, quiere decir abrir la mente a toda una serie de creaciones de la imaginación que, para bien o para mal, tienen su función.

No se puede negar la dificultad de llegar a una definición precisa del mito. El diccionario lo define como:

Concepto o idea que no se corresponde con la realidad o que parece desprovista de valor racional o, incluso, práctico; deseo, esperanza o proyecto inalcanzable; sueño, utopía. Imagen, hecho, situación, opinión que parece fruto de la imaginación o de una distorsión de la realidad; fantasía, quimera. Concepción o construcción intelectual fundada, por lo general, en imágenes contradictorias, intuiciones o asociaciones arbitrarias.

La mitología Supersticiones

Pero, ¿es una definición completa? Si observamos el significado oficial del término y sus derivaciones, constatamos que generalmente se indican conceptos ligados a la fantasía, a lo que no existe realmente, a lo que no se corresponde con la realidad, entre otros. Por consiguiente, podríamos considerar el mito, siguiendo la definición oficial, como la expresión de algo que no es real o, a lo sumo, la exageración de la realidad. No obstante, un sustrato real existe y encuentra su propia coherencia en los recovecos del racionalismo absoluto, convertido en un estadio destacado que ha cerrado las puertas por completo a la metafísica.

No nos limitemos a preguntarnos qué puede ofrecer hoy al ser humano el material mitológico, es decir, qué parte de su patrimonio puede albergar verdades actuales. Sino que, ante todo, debemos tener claro si todavía hoy usamos las estructuras de pensamiento que han permitido crear los mitos del pasado. Tal vez esa antigua «masa de material transmitido en narraciones muy conocidas que, sin embargo, no excluían posteriores adaptaciones», indicada por Jung como la estructura que soporta el mito, se encuentra incluida en los arquetipos, en el inconsciente colectivo y se abre a la historia, incluso cuando esta dice que no aprecia en ella nada que pueda ayudar al ser humano a crecer.

Pese a ello, el mito da un sentido, o al menos proporciona algunas indicaciones sobre las que reflexionar, a la vida del ser humano, liberándolo de los lazos de la historia y colocándolo en un lugar (o quizás en un no-lugar) en donde puede entablar relaciones más estrechas, mayores armonías con todo lo que no es humano. Relaciones que son el punto fuerte de nuestro viaje hacia un mundo que, con sus aparentes paradojas, alimenta las alquimias de lo imaginario.

En definitiva, constatamos que en la sociedad occidental contemporánea, en la que domina la ciencia y el racionalismo, la superstición y el sentido de lo maravilloso al que se refiere están efectivamente lejos de haber desaparecido. Sólo han cambiado. Los efectos incluidos en un tiempo dentro de la religión ocupan hoy los márgenes de la ciencia. Actualmente han cambiado muchas cosas, si bien determinados conceptos básicos, alimentados en ciertos casos por la superstición, no han perdido en absoluto su vigencia.

En la actualidad, ciertamente, el cura y el exorcista han dado paso en muchos casos al psicoanalista y al parapsicólogo. Lo sobrenatural ha pasado a ser lo paranormal. Pero, si bien muchas creencias se han «laicizado» siguiendo la evolución de la sociedad occidental, queda todavía el hecho de que la irrupción de lo sobrenatural (o considerado como tal) se repite a menudo en nuestro día a día, empujando al ser humano a interrogarse continuamente sobre su papel, comprobando en cada momento la fragilidad de sus certezas.

No debe olvidarse que la pujante tecnología contemporánea ha rediseñado, en parte, nuestra imagen de lo sobrenatural. Se ha sustituido al adivino por el científico, rodeado de un aura muy misteriosa, que en sus fórmulas matemáticas utiliza un lenguaje que en poco difiere de las imágenes cabalísticas para el profano.

Las metamorfosis mágicas hoy se llaman mutaciones genéticas; el Golem y la criatura del doctor Frankenstein son los autómatas y robots; las perspectivas más fantásticas de la ciencia ficción se han hecho hoy realidad gracias a las modernas tecnologías. Pero, la notable evolución tecnológica —a menudo enfatizada por el sensacionalismo de los medios de comunicación— no ha borrado la huella profunda de la superstición, probablemente alimentada por motivos desconocidos para nuestra mente. Y de este modo, el mechón de cabellos usado por el adivino se ha sustituido por la fotografía; el ordenador se ha convertido en un instrumento fundamental para el astrólogo; sanadores y nuevos místicos ofrecen terapias extraordinarias a través de la televisión, aconsejan «apoyar la parte dolorida en el vídeo»…

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Categoría: Supersticiones.






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