La purificación de la casa


A cada casa, corresponde un ambiente distinto, puesto que los pensamientos, sentimientos de cada habitante de ella, influyen en la impregnación de energía que se produzca en las paredes de los hogares. Cada pensamiento, cada actitud, cada tendencia hacia los demás queda en el ambiente y se une a los hombres que lo respiran que son, en el fondo, todos los hombres. Pueden ser celos, puede ser odio, puede ser amistad o amor (de muchas clases), no importa, todo permanece en la atmósfera, pero sólo el vidente es capaz de visualizarlo sin lugar a dudas.

En la ciudad, como pulpos de múltiples tentáculos, existen las formaspensamiento más brutales. Cada ciudad tiene un carácter propio, un modo de pensar especial hecho a imagen y semejanza de sus habitantes. En el mundo no existen dos ciudades iguales, cada una tiene un sello y muchos de nosotros, al desplazarnos a otros sitios, hemos tenido este tipo de percepciones y sensaciones. En algunas ciudades, se respira calma, tranquilidad y serenidad, en tanto que en otras domina la agitación y la violencia.  Algo parecido ocurre con los barrios, cada zona refleja los pensamientos de sus habitantes; el barrio elegante, el que goza de mala fama, los populares, etc.

La purificación de la casa Hechizos

En cada barrio existe un pensamiento tipo formado por los pensamientos de sus habitantes. Así pues, la similitud casaciudad está clara. En cada casa hay un ambiente distinto. En las casas donde hay compañerismo, risas, alegría y tranquilidad, se respira un buen ambiente, es decir, hay buenas energías. En cambio, en las casas donde hay gritos, riñas, mentira, enfados, desconfianza, hay mala energía por lo que el ambiente que se respira es muy desagradable.

En este sentido podemos reproducir la siguiente experiencia personal: «recuerdo muy bien, que el verano pasado, durante las vacaciones, fui invitada a pasar unos días a Extremadura, a casa de una humilde familia de campesinos; en el transcurso de las vacaciones, hubo cambios en el número de habitantes de este hogar. A mi llegada, en la casa se hallaban un matrimonio mayor, padres de dos mujeres que se hallaban con sendos maridos e hijos. Una de las mujeres, la hermana mayor, durante el año no vive allí, su familia y ella viven, estudian y trabajan en la ciudad por lo que sólo conviven con el resto durante el mes de las vacaciones de verano. Durante la primera semana, todo fue bien, el lugar resultaba acogedor y agradable, se estaba muy bien; yo, que era un huésped, me sentía como en mi casa y me movía con desenvoltura por la casa hasta el punto de que dejé de informar de si iba a beber un vaso de agua o a coger un par de galletas al cabo de muy poco tiempo (creo que sólo lo hice el primer día). Pero la segunda semana, llegó la parte de la familia que faltaba, el hermano mayor con su esposa y sus hijos.

Por un lado, los que habíamos vivido en armonía y tranquilidad dejamos de hacerlo porque empezamos a callar y a ir con mucho cuidado en nuestras actuaciones y, por otro lado, me enteré de que, no se sabía por qué extraña razón, la esposa de este señor no se sentía a gusto en aquella casa, y también me enteré del trato que recibían las hermanas por parte de esta mujer que era, y pude observarlo, un tanto inadecuado; comprendí en seguida la causa del malestar de esta señora. Una persona como ella, celosa, egoísta, poco delicada, desconfiada continuamente (yo creo que por temor a sus propios demonios) no encajaba en un lugar donde todo lo que ella sabía hacer, el modo que tenía de pensar, de sentir y de actuar ni tan sólo se conocía, mejor dicho, se rechazaba por completo. Se trataba de una persona que no podía soportar la felicidad de los demás porque era una amargada que deseaba su modo de existencia para los demás». Así pues, se ve que las personas con malas energías no se sienten a gusto en lugares con energía positiva y las personas con buenas energías se sienten fatal en lugares donde hay mal ambiente; la incompatibilidad persona-ambiente se produce de todos modos. Los hechiceros maléficos no se sienten a gusto en lugares donde reina el bien y la paz.

Algo parecido ocurre en los barrios, cada zona refleja los pensamientos de sus habitantes: el barrio elegante, el que goza de mala fama, los populares, etc. En cada barrio existe un pensamiento tipo formado por los pensamientos de sus habitantes. La purificación de la casa se lleva a cabo para eliminar o alejar las malas energías de las que se pueda estar siendo víctima. Para ello, se utilizan diversos métodos de lucha que son diversamente eficaces.

Lo que está claro es que si existe una difusión constante de los ritos mágicos positivos, se consigue un buen ambiente y una buena protección porque, como se ha dicho en otros capítulos, las energías positivas por sí solas, sin ningún tipo de acción específica, son un excelente contrahechizo espontáneo. En algunas culturas la costumbre purificadora más popular era el sacrificio de animales, cuya sangre se esparce por los ángulos del edificio que se quiera purificar. En estos casos estamos hablando de sortilegios de los cuales se obtienen resultados si las energías usadas para el mismo son de poca intensidad, es decir, no son muy fuertes y no pretenden causar un enorme daño a las víctimas. Otro método muy popular es el de las velas, que consiste en encender velas con una cruz cada una. El primer día se encenderán tres y los días siguientes se encenderá una cada día hasta llegar a nueve.

De todos modos, cualquier de estos tres métodos son sencillos y responden a la necesidad de acabar con alguna energía no muy intensa. El cuarto de los métodos que se van a nombrar es el que necesita verdaderamente de un hechicero puesto que hay que recurrir a fuerzas sobrehumanas a través de fórmulas mágicas precisas; si se recurre a este método, se hace para proceder a purificaciones profundas.

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Categoría: Hechizos.






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