La superstición de los cometas


Los cometas merecen un puesto de honor entre los fenómenos del cielo que, desde la Antigüedad, han sido objeto de supersticiones. El nombre cometa deriva del griego chiomata, que significa «estrella con cabellera». Según Diógenes Laercio (siglo n) los cometas aparecerían al llegar al cielo las almas de los grandes personajes. Esta interpretación se mantuvo desde la época de Alejandro Magno (siglo m a. de C.) hasta el apogeo napoleónico, que se relacionó con el paso de un comenta en 1811.

Encontramos un testimonio de cómo se consideraban los cometas en la Edad Media en las palabras del historiador Niceas (1182). Un cometa apareció en el cielo como una serpiente luminosa, ora se replegaba sobre sí misma, ora, con gran horror de los espectadores, parecía una enorme garganta. Se habría dicho que, ávida de sangre humana, estuviera a punto de saciarse. Una actitud similar acerca del nefasto significado del cometa se encuentra también en un testimonio de 1528, en el que la estrella se describe de este modo:

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Terrible, tan horripilante que provocaba gran terror en el pueblo, tanto que unos murieron y otros enfermaron… el cometa era del color de la sangre, en su parte más alta se distinguía un brazo curvo que sujetaba una gran espada, como si quisiera golpear. Al final de la punta había tres estrellas. En los lados de los rayos de este cometa se veía un gran número de hachas, cuchillos, espadas teñidas de sangre entre las que había muchas caras humanas horribles con barbas y cabellos hirsutos.

Pero si en el pasado el pueblo y los astrólogos, que asignaban diferentes significados a la cola luminosa del cometa, presagiaban catástrofes cercanas, los científicos no dejaron de observar estos acontecimientos con mayor racionalidad. Con su estela de miedos ancestrales procedentes principalmente del escaso conocimiento del fenómeno, los cometas fueron, en la mayoría de los casos, tomados como trágicos anunciadores de sucesos nefastos. En muchos casos asociados a miedos apocalípticos, los cometas eran señalados por los predicadores de la Edad Media como «señal» de la ira divina y anuncio de castigos inminentes.

A pesar de que su composición todavía es materia de debate, sabemos que no son cuerpos sólidos, sino probablemente compuestos de partículas de hielo y gas con una densidad inferior a millones de veces la del aire terrestre. La larga cola está compuesta por gas y polvo emitidos por la cabeza por el efecto de la radiación solar. Además, no emiten luz propia —hecho que a menudo se olvida—, sino que reflejan la luz solar que, obviamente, pierde luminosidad al acercarse a la Tierra.

Al margen de sus características térmico-físicas, terreno de los astrónomos, el pueblo ha visto en estos signos celestiales indicaciones para conocer el futuro. A menudo, los cometas se consideran auténticos monstruos en las representaciones y descripciones medievales. La arqueología y las fuentes literarias más antiguas nos ofrecen detalladas descripciones de los fenómenos del cielo. Gracias a ello los astrónomos han sido capaces de seguir la historia de algunos cometas hasta el u milenio a. de C.

De la Tabla planetaria de Berlín, que contiene un papiro egipcio donde se detallan los movimientos de los planetas del 17 a. de C. al 10 d. de C., provienen testimonios históricos objetivos. Otras contribuciones se incluyen en el Almanaque estelar de Sippar, una tablilla con escritura cuneiforme neo-babilónica que muestra prácticamente todos los movimientos y formaciones estelares del año 7 a. de C. El mítico cometa Halley se menciona en la obra enciclopédica del estudioso chino Ma Tuanlin (240 a. de C.). Pero, corno se sabe por los cálculos de Edmond Halley (que en 1601 descubrió la estrella homónima), hoy sabemos que la presencia luminosa aparece en el cielo sólo cada 76 años.

Un cometa anunciador de paz

En clara oposición con las creencias supersticiosas se encuentra el cometa que anunció el nacimiento de Cristo. Por el Evangelio sabemos que los Magos, cuando llegaron ante Herodes para preguntar si sabía el lugar en el que había venido al mundo el Mesías, dijeron al soberano: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» (Mateo 2, 2). Después se dice: «y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño» (Mateo 2, 9).

Las estrellas fugaces

Las creencias acerca de las estrellas fugaces también siguen la estela de las relativas a los cometas. A diferencia de las primeras, están rodeadas de un aura positiva. De hecho, en muchos países, las estrellas fugaces se consideran señales de buena suerte y se cree que si se formula un deseo antes de que caigan más allá del horizonte, el deseo se cumplirá muy pronto. Muchas culturas sostienen, en una interpretación más poética, que dentro de cada estrella fugaz está el alma de un hombre viajando hacia la Tierra para entrar en un recién nacido. Esta creencia se añade a la tradición según la cual, cuando un hombre muere, nace una estrella.

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Categoría: Supersticiones.






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