Mal de ojo y aojo


El mal de ojo y el aojo constituyen, indiscutiblemente, las dos formas más típicas de la superstición, sobre todo en Europa del sur, donde, por determinados motivos, el peso de la tradición mágica pre-cristiana permanece más vivo entre la gente. Mal de ojo y aojo son términos usados a menudo como sinónimos, aunque existen entre los dos diferencias muy precisas. El primero puede considerarse la fuente del mal y el segundo, el canal a través del cual llega a la víctima.

Por encima estaría siempre la envidia, como se desprende claramente de las fuentes más antiguas. El mal de ojo casi siempre se originaba con las perversas intenciones de perjudicar al desventurado (el aojado) «culpable», a los ojos de quien lo aojaba, de ser más afortunado que él. Desde que existen fuentes escritas tenemos noticias, indicios y pistas sobre la práctica y el miedo al mal de ojo y al aojo. Todavía hoy, este miedo, paradójicamente, se niega a desaparecer.

Mal de ojo y aojo Supersticiones

El fenómeno puede examinarse racionalmente desde diversos puntos de vista, teniendo bien presente que, al utilizar las herramientas de la historia, psicología, antropología y sociología, se constata la presencia de creencias y supersticiones sin tiempo ni lugares asignados. Personas de todo estrato social y de países a menudo muy lejanos entre sí creen en el poder nefasto de aquellos que, con motivaciones e instrumentos diversos, saben cómo causar enormes desequilibrios impresionantes en la vida de otros individuos.

Tratar de conocer un poco mejor la cultura en la que se manifiesta esta antiquísima superstición es, en el fondo, un modo de observar algunas dinámicas que alimentan la actitud de las personas frente a tantas inseguridades de nuestro estado de frágiles criaturas mortales.

Miedo y esperanza, bien y mal, acompañan nuestro viaje entre los hombres. Poseer su control o, al menos, conocerlos algo para lograr prever y contener su efecto, nos hace probablemente más seguros y fuertes dándonos la ilusión, entre el animismo y la superstición, de que es posible controlar el destino. Mal de ojo y mal agüero, para el ideario común, podrían ser el origen de todas las anomalías de nuestra vida, desde la más banal a la más dramática. Podrían, en definitiva, ofrecer la garantía de que es posible remontarse a las raíces de nuestros malestares y encontrar un medio para recuperar el equilibrio perdido: meta eternamente perseguida, momento a momento, día a día; tal vez, durante toda la vida…

En las supersticiones populares que han experimentado la influencia de las religiones y las prácticas mágicas de la Antigüedad, por mal de ojo se entiende una influencia negativa ejercida con la mirada por personas dedicadas a la magia, que se dirige a otras criaturas vivientes. No se trata, por consiguiente, de una forma dirigida sólo a seres humanos.

Por extensión se utiliza la locución «mirar (o ver) con malos ojos», cuando se muestra rencor, hostilidad, odio, desprecio.

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Categoría: Supersticiones.






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