Personalidad según rasgos faciales: naríz y mejillas


De la nariz

Los antiguos no andaban acertados en llamar a la nariz “ornamentum faciei”. Una nariz bella no se halla jamás en semblante desproporcionado. Puédese ser feo y tener buenos ojos, pero la nariz exige necesariamente una conforme analogía de otras partes, y así se ven mil ojos bellos por una sola nariz perfecta en belleza, y allá en donde se encuentra se halla siempre carácter excelente y distinguido. “Non unquan datum est habere nasum”.

Los fisonomistas suelen considerar una nariz perfectamente bella de acuerdo a lo siguiente: su longitud debe ser igual a la de la frente y debe tener leve cavidad cerca de su raíz. Mirando de frente el hueso de la nariz debe ser largo y casi paralelo a los dos lados, pero es necesario que esta longitud sea poco sensible en su mitad. La punta o pomo de la nariz no debe ser ni duro ni carnoso. Las alas de la nariz es necesario que se presenten de frente bien manifiestas y que las ventanas se acorten con gracia por debajo. En el perfil, la extremidad de la nariz no debe tener más que tercera parte del total. Hacia arriba tocará el arco dei hueso del ojo, y su anchura por la parte del ojo debe ser media pulgada.

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Una nariz que reúne todas estas perfecciones expresa cuanto hay, cuanto se puede expresar. Sin embargo, muchos hombres de gran mérito tienen la nariz desproporcionada, pero es necesario diferenciar aquí la clase de mérito que los distingue.

Una nariz pequeña, rasgada en perfil, no impide ser honrado ni juicioso, pero no da ingenio. Las narices curvas a lo alto de su raíz, son propias de caracteres imperiosos, llamados a gobernar y ejecutar grandes hechos, constantes en sus proyectos y anhelosos de proseguirlos.

Las narices perpendiculares, esto es, que se acercan a esta forma (pues la naturaleza en sus producciones se ha mostrado enemiga de las líneas extremadamente rectas, por lo que se considera entre las narices rasgadas y las arqueadas), suponen alma que sabe obrar y sufrir ‘ anquil,. ente y con resignación.

Una nariz cuyo hueso sea largo, prescindiendo de que este sea derecho o curvo, siempre indica facultades susperiores, pero esta hechura es muy rara. Cuando las ventanas de la nariz están muy abiertas y movibles, denotan delicadeza de sentimiento que puede muy fácilmente degenerar en maldad y lujuria. En donde no se encuentra ninguna inclinación o especie de hondura, es en el paso de la frente a la nariz, a menos que ésta no sea muy encorvada; en los que así la tengan no hay que esperar el menor carácter de nobleza y magnanimidad.

Los hombres cuya nariz se inclina demasiado a la boca, no pueden ser nunca ni enteramente buenos, ni placenteros, ni grandes, ni nobles: su pensamiento está continuamente en los seres físicos, son muy reservados, fríos, insensibles, poco tratables, y comúnmente de espíritu maligno y mal humor, hipocondríacos en sumo grado y melancólicos. Si esta clase de narices son, además, curvas por arriba, dan señal de inclinación irresistible a la lujuria. Las narices sin ningún rasgo sorprendente, ni color bien caracterizado, sin inflexiones, sin ondulaciones, ni ningún alineamiento significativo, pueden ser muy bien las de un hombre honrado y juicioso, y al mismo tiempo de índole muy noble, pero no serán nunca las de hombre superior o distinguido. Las ventanas apretadas y de poco grueso denotan temperamento frío y desdeñoso.

Una nariz colorada, mayormente si lo es en la punta, denota a un hombre acostumbrado a embriagarse, grosero y licencioso.

Los pueblos tártaros tienen generalmente nariz aplanada y hundida; los negros de Africa, chata; los judíos, la mayor parte aguileña; los ingleses, ternillosa y raramente aguda. Si se puede juzgar por las descripciones y retratos de narices bellas, no abundan mucho entre los holandeses. Entre los italianos, al contrario, esta belleza es la más abundante, y absolutamente característica en los hombres célebres de Francia.

De las mejillas

Las mejillas abultadas indican generalmente flojedad del temperamento y apetito sensual. Flacas y deprimidas denotan sequedad de humores y privación de placeres. Las desazones las varían, y las locuras trazan en ellas grandes surcos, y la sabiduría, experiencia y sagacidad de espíritu, las entrecortan con leves delineaciones imperceptiblemente ondeadas.

Ciertos surcos más o menos triangulares que se notan algunas veces en las mejillas son señal infalible de envidia o celos. Una mejilla naturalmente graciosa, movida por temblor que la levante hacia los ojos, es garantía de corazón sensible. Si sobre la sonrisa de una mejilla se ven formar líneas circulares, ya se puede estar seguro de que no existe fondo de locura.

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