Quien fue Juan XXIII


En 1934, Angelo Roncalli, delegado apostólico, es trasladado de Sofía, en Bulgaria, a Estambul, en Turquía. Cinco años después, en 1939, estalla la Segunda Guerra Mundial. La capital turca, neutral, pasa a ser el centro de frenéticas actividades diplomáticas; la delegación apostólica se convierte en el centro de actividad de asistencia de los hebreos huidos de los nazis. Angelo Roncalli intenta obtener el permiso de tránsito del gobierno turco o de estancia en Turquía para los hebreos. Ello suministró —a miles de hebreos ya destinados a la deportación en Alemania— certificados de bautismo, sin ninguna condición a cambio. Ninguno fue bautizado, pero todos, de esta manera, estaban a salvo. El gran rabino Herzog, agradecerá este hecho oficialmente a monseñor Roncalli.

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En este período, miles de hebreos desfilan ante los locales de la delegación en Estambul, y forma parte de este período el episodio de la vieja mujer hebrea. ¡Monseñor Roncalli firma certificados sin descanso! De vez en cuando, sin embargo, se concede tiempo para beber un café turco. Y así una anciana mujer, girando la tacita de café, mientras esperaba recibir su certificado de bautismo, dice estas palabras: «ChesedMalcutBinahChochmaKether» .

Son los signos que la sabia mujer ha visto en la taza que Angelo Roncalli había colocado sobre la mesa, y que ella tomó y miró detenidamente. Giovanni sonríe y hace como para defenderse buenamente con un gesto de la mano: pero conoce bien el hebraico, y lo que la anciana mujer le ha dicho se le queda grabado en la mente. Quizá la recordaría el 25 de octubre de 1958, al recibir la noticia, que le sorprende también a él, de su nombramiento de Pontífice. Las palabras de la mujer, verdaderamente proféticas, correspondían a los símbolos del Kadmon, con un significado clarísimo: «Bondad, elevación y ayuda a los humildes, inteligencia, sabiduría y, de hecho, corona».

Por su edad todos pensaron que su pontificado sería un paréntesis sin importancia, un interregno sin trascendencia alguna. Todos se equivocaron de una manera radical; los años en que Juan XXIII estuvo al frente de la Iglesia católica fueron de cambios fundamentales de evolución y progreso. Juan XXIII sentó las bases de la Iglesia actual, transformando las costumbres y las formas externas que habían quedado obsoletas por el paso del tiempo. Su pontificado fue un intenso período de debate y de polémica, durante el cual se pusieron en cuestión numerosas ideas que hasta entonces parecían eternas e inamovibles.

Durante su mandato despertó adhesiones en amplísimos sectores de católicos, que vieron en él la respuesta válida al reto de la fe y de la vida cristiana en nuestro tiempo. Por el contrario, otros no entendieron o no quisieron entender que la renovación interna de la Iglesia que impulsó Juan XXIII, era ni más ni menos que la «puesta a punto» que precisaba la comunidad cristiana para asumir con eficacia los compromisos que exige la realidad de nuestro mundo. Sin la menor duda Juan XXIII ha sido uno de los Papas más importantes de la historia de la Iglesia, y las huellas de su paso quedarán marcadas durante mucho tiempo en el cuerpo físico y doctrinal del mundo católico.

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