Soñé dos veces con mi hermano muerto


Yo sé que los sueños se convierten en anhelos y la esperanza en ansiedad doliente. Rueda con más fuerza en mi cerebro lo que dijo Pedro Calderón de la Barca qué? la vida es un sueño? y también tengo muy claro porque lo he investigado y discutido con Psiquiatras, Psicólogos y Sociólogos amigos míos, lo que argumentó el gran filosofo Platón qué ?el hombre vive en un mundo de sueños, de tinieblas, cautivo en una cueva de la que sólo podrá liberarse tendiendo hacia el Bien; únicamente entonces el hombre desistirá de la materia y llegará a la luz?, pero por encima del influjo de todas esas concepciones, está una preocupación que atraviesa todo mi ser y se estanca en mi corazón fraternal y de ahí no sale. Y yo lo que deseo fervientemente, es que esos sueños me lleven a una realidad creíble. ¿Quién(es) de usted(es) amable(s) cibernautas me puede(n) ayudar a superar esta insania transitoria que puede convertirse en cotidiana?

Primer viaje onírico: Voy saliendo de Carrefour de la calle 30, a las 4 y 30 de la tarde en compañía de mi gran amigo, Francisco, en medio de una coqueta llovizna. Cuando termino de felicitarlo por su magnífica crónica titulada: ?Si yo fuera Fuad Char?, escrita en la revista digital La Cháchara, me veo frente a frente con Nelson, mi hermano quien fuera asesinado cobardemente el 29 de abril de 2004 a escasos metros del DAS, cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, Atlántico. Enseguida saqué de mi billetera una foto y se la mostré a Turcios, quien me dijo es el mismito señor que va ahí con dos escoltas, pero con la diferencia que ahora está muy canoso. Nelson caminaba despacio hacia el interior del supermercado y me miraba insistentemente con el hoyuelo de su risa. Luego se desvaneció en el éxtasis de mi ansia.

Segundo viaje onírico: Nelson se presentó de repente en la casa de mis padres, diciéndome: ¿Y los viejos? El viejo César falleció y en cuanto a la vieja Eloina, la está jodiendo un Alzheimer, le respondí.
Recuérdale hermano mío que, nunca estará sola mientras yo exista en el recorrido del amor a estar vivo y, recálcale siempre que, todo el viaje de la vida cabe en los linderos de una vivienda y que volveré como era habitual con mi corazón itinerante a estar pendiente de ella en el evolución de la evidencia, o como dice la poeta Martha Noviembre. ?como un animal sibilante augurando fines,
borrando huellas, presagiando que nada, nadie, volvería a ser.?

Tito Mejías

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Categoría: Tablón de Relatos.






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