Superstición del cerdo


El cerdo es un animal desafortunado, vinculado desde siempre con la suciedad y las cosas más bajas. De hecho, el término cerdo, en sentido figurado, pone de manifiesto la pasión por lo peor.

Un cerdo que atraviesa la calle trae mala suerte, pero una cerda con sus pequeños es una señal positiva. La ofrenda de cerdos a los dioses, muy practicada en las religiones antiguas, ha condicionado, sin duda, la figura de este animal relacionándolo con el mundo oscuro del más allá. Por otra parte, es el área mediterránea —en la que de todos son conocidos los tabúes alimentarios acerca del cerdo— la que ha radicalizado su presunta maldad.

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Los egipcios sacrificaban el cerdo sólo en el plenilunio y lo comían sólo ese día. Esta tradición puede relacionarse con otra creencia del antiguo Egipto que dice que el eclipse de Luna se debía a que la cerda celeste devoraba al astro. Clemente de Alejandría, en los Stromata (siglo n d. de C.), afirma que el cerdo, que vive en el fango y el estiércol, desde el punto de vista alimentario, gusta sólo a cuantos viven espiritualmente del mismo modo, revolcándose en el fango del pecado. Porkos —en griego— se ha transformado en puerco, un término que en general indica a una persona atraída en exceso por los placeres terrenales, en particular los relacionados con el sexo. Porquería, en el lenguaje corriente de muchos pueblos, corresponde a obscenidad.

En el bestiario precristiano del norte de Europa, el cerdo ha personificado valores positivos, también debido a su posible vínculo con el jabalí sagrado de los celtas. En la iconografía popular cristiana, el cerdo se ha convertido en el tradicional compañero de San Antonio, ermitaño del desierto. En esta asimilación se ha querido ver un símbolo de la victoria del santo sobre la lujuria y los valores de la carne, pero posteriormente se ha propuesto otra interpretación. Se trata de una costumbre que tenían los antonianos (o hermanos de San Antonio) de dejar vagar por las calles de las ciudades piaras de cerdos con los que alimentaban a los enfermos de los hospitales. Los cerdos únicamente tenían la obligación de llevar una campanita que permitiera distinguirlos. Luis XI ratificó este privilegio. Por otra parte, el robo de uno de estos cerdos era considerado un sacrilegio que Dios no podía dejar impune.

Los antiguos griegos solían sacrificar este animal en honor de Deméter, dotándole de un simbolismo fuertemente ligado a la fertilidad. Un dato interesante sobre el papel simbólico ligado a la fertilidad del cerdo puede apreciarse en una antigua tradición lombarda. En Mántova, en el día de Todos los Santos, era habitual liberar a un cochinillo. La tradición decía que la persona ante la que el animal se detuviera, sería tocada por la fortuna hasta finalizar el año.

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Categoría: Supersticiones.






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