Viajando por el mundo de los sueños


A medida que nos vamos relajando, nuestros cuerpos no físicos, moviéndose como uno solo, empiezan a salir lentamente de su morada física a la vez que vamos pasando por los estados alfa y beta. Puede que nos entretengamos un momento en ese límite entrando y saliendo; en ese intervalo las ondas cere­brales se ralentizan todavía más. Finalmente nos soltamos y nos vamos por completo: nuestra consciencia regresa a casa, a los planos interiores, dispues­ta a experimentar todo aquello que pueda reportarle algún aprendizaje o la solución a algún problema.

Viajando por el mundo de los sueños Interpretación de los Sueños

Nos solemos referir a este proceso con el nombre de viaje astral: es muy posible que usted haya experimentado alguno de los fenómenos que guardan relación con este viaje sin saber exactamente de qué se trataba. Por ejemplo, cuando usted se encuentra muy cansado, habrá notado que le cuesta mucho conciliar el sueño.Y Justo cuando empiezan a cerrársele los párpados, basta el más mínimo ruido o contracción de un músculo para volver a encontrarse con los ojos abiertos como platos. Es más, eso puede que se repita varias veces antes de que logre, una vez relajado ya su cuerpo completamente, caer definitivamente en brazos del sueño. Esta sensación como de ir a trompi­cones tiene su origen en el cuerpo onírico, que se resiste a abandonar su vehículo físico después de haber estado parcialmente fuera de él. Pero una vez que el cuerpo onírico se ha soltado por completo rumbo a los planos superiores de la existencia, puede que tenga usted la sensación de estar vo­lando. Muchos sueños en los que volamos o flotamos no son más que recuer­dos de esta fascinante experiencia.

En caso de emergencia —como el tañido repentino de una campana—, su cuerpo onírico posee la facultad de regresar con extrema rapidez al cuerpo físico, en ese momento que está soñando. Muchos de los llamados «sueños en que se cae» son sólo sensaciones recordadas a medias de este repentino regreso al cuerpo físico motivado por los ladridos de un perro, el teléfono que suena, el despertador o cualquier ruido que no nos resulte familiar o que nos produzca intranquilidad. Esto no supone ningún peligro, porque el cuerpo onírico está siempre perfectamente conectado al cuerpo físico gracias a un hilo al que la Biblia llama cordón de plata (Ecl. 12,6).

Gran parte de las personas que han sido capaces de recordar a la perfec­ción sus viajes nocturnos nos han contado que han visto este cordón unido a ellas y que las arrastraba tras de sí.Al menor signo de amenaza para el cuer­po físico dormido, el subconsciente envía un aviso a través del cordón a nues­tro espíritu errante, el cual responde inmediatamente volviendo a territorio seguro. Todo esto sucede de forma natural y delicada a no ser que seamos nosotros mismos quienes turbemos el proceso a través de drogas, sustancias químicas o alcohol.

Quizá pueda acordarse usted de alguna ocasión en la que estuviera pro­fundamente dormido y oyera cómo alguien le llamaba desde muy, muy lejos, mientras que, al despertar (al regresar a su cuerpo), resultara que esa perso­na se hallaba exactamente a su lado: eso sucede porque, en realidad, ¡era usted quien estaba verdaderamente lejos! O puede que haya experimentado la sensación de estar en un lugar muy profundo y que, al llamarle alguien, le llevara mucho tiempo salir a la superficie.Ambos casos son ejemplos de sali­das del cuerpo ocurridas durante el sueño. No es nada extraño ni místico, es algo de lo más natural.Todos abandonamos nuestro cuerpo físico al dormir­nos; lo que sucede es que no siempre recordamos la experiencia de salir de nuestro cuerpo y de regresar a él.

De hecho, al enseñar cuestiones relativas a los sueños en las sesiones que se organizan sobre estos temas, la pregunta más habitual que me formulan se refiere siempre a los sueños en los que estamos cayendo. La gente quiere saber si moriríamos en el caso de que no nos despertáramos antes de tocar suelo. Evidentemente, la respuesta es no: la experiencia de la caída es sólo una reminiscencia de ese retorno al cuerpo dormido, pero sí que a veces puede que volvamos de golpe, lo cual hace que experimentemos una sensa­ción de sacudida en el momento de despertarnos.

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